De los sueños de cocinar a un futuro lleno de oportunidades: El camino de Laura

Blog


Laura García, una joven de 22 años originaria de Totonicapán, creció rodeada por el aroma del pan recién horneado y el calor del pequeño negocio familiar. Su infancia estuvo marcada por sueños que flotaban entre la harina y el azúcar, imaginándose como chef. Viendo programas de cocina en la televisión, soñaba con crear algo especial, algo que llenara de orgullo a su familia. Sin embargo, la realidad se encargó de nublar esos sueños. En 2020, cuando la pandemia por COVID-19 golpeó Guatemala, las esperanzas de Laura de estudiar en una universidad se desvanecieron. Tuvo que posponer su educación, y la idea de obtener un título se convirtió en una meta distante e inalcanzable.

por Pep Balcárcel

Durante esos años, Laura se dedicó a apoyar a sus padres. La panadería, un negocio familiar modesto pero querido, se convirtió en el centro de su vida. Pasó innumerables horas amasando pan, atendiendo clientes y haciendo lo posible para mantener el negocio en pie. Pero en el fondo, Laura deseaba algo más: algo que le permitiera llevar la panadería a otro nivel y transformar la vida de su familia. “Siempre quise estudiar, hacer algo más grande”, reflexiona.

El punto de inflexión llegó cuando descubrió una oportunidad de beca que le permitiría inscribirse en una carrera técnica en industrialización de alimentos en la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Era un programa del que nunca había oído hablar, pero tan pronto como lo conoció, algo hizo clic. “Era un campo nuevo, una puerta abierta”, recuerda. “Sabía que era mi oportunidad para ayudar a mi familia y crecer”. La posibilidad de combinar su amor por la cocina con una educación formal encendió en Laura una pasión que no había sentido en años.

Ahora, en su segundo semestre en UVG, Laura ha enfrentado desafíos que nunca imaginó. Mudarse de Totonicapán, dejar atrás la familiaridad de su hogar y adaptarse a un nuevo entorno pusieron a prueba su resiliencia. La transición no fue fácil. “Es difícil estar lejos de mis padres, de todo lo que he conocido”, admite. Pero también descubrió un nuevo sentido de independencia, una conciencia de que podía prosperar fuera de su zona de confort. “Es una experiencia diferente, pero hermosa”, dice. “Me muestra lo independiente que puedo ser y es una oportunidad para salir de mi zona de confort”.

Laura en la biblioteca compartiendo con sus compañeros.

Cada día, Laura aprende habilidades que tienen un impacto directo en el negocio de su familia. En sus clases, está descubriendo técnicas para mejorar la calidad de los productos y estrategias empresariales que pueden hacer la panadería más eficiente. Su objetivo no es solo apoyar a sus padres, sino transformar la panadería en algo más: un lugar que pueda ofrecer empleo y oportunidades a otros en su comunidad. Sueña con ampliar el alcance de la panadería, diversificar los productos y convertirla en un motivo de orgullo para Totonicapán.

Pero no ha sido un camino fácil. Los cursos son exigentes, y hay momentos en que Laura duda de sí misma. Lucha con algunas materias, enfrentándose a las complejidades desconocidas de la producción industrial. “Algunos cursos son difíciles, pero sé que con dedicación puedo lograr grandes cosas”, afirma. Cada vez que se siente abrumada, recuerda los sacrificios que sus padres hicieron para apoyar sus sueños, y esa memoria alimenta su determinación. “Ellos me han dado tanto, y yo quiero retribuirles: a ellos, a mi comunidad, a otros como yo”.

Fue a través del proyecto Realizing Equitable Access, Retention and Completion in Higher Education (REACH) que el sueño de Laura se hizo realidad. La beca le ofreció la oportunidad de ingresar a un aula universitaria, abriendo puertas que antes parecían cerradas para siempre. Para Laura, la educación que está recibiendo es más que un diploma: es la llave para construir un futuro donde pueda marcar una diferencia tangible en la vida de los demás.

Laura durante la feria de STEAM que celebra UVG

Cuando Laura mira hacia el futuro, sus ambiciones van a crecer más allá de la panadería de sus papás. Quiere aprender más, crecer más y compartir lo que ha ganado con otros. Imagina un momento en el que sus habilidades y conocimientos puedan crear empleos, empoderar a las mujeres jóvenes y traer un sentido de orgullo a su comunidad. Cada desafío que supera es un paso más cerca de ese sueño: un sueño que la educación ha hecho posible. “Esta oportunidad no se trata solo de mí”, reflexiona Laura. “Se trata de lo que podemos construir juntos. Se trata de demostrar que la educación puede cambiarlo todo, incluso cuando el camino parece incierto”.